25 de noviembre de 2020

Autoformación Constitucional V: La traición del León, la organización de trabajadores y la Constitución de 1925.

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por Álvaro Macaya

Algunas lecciones para el actual proceso constituyente.

                La Constitución de 1925 se redactó en un agitado contexto histórico, en medio de una profunda crisis, por ello tuvo como objetivo ser un método para dar respuesta a los diversos problemas que en aquella época sufría nuestro país; la desigualdad, la explotación y la exclusión. En materia institucional podemos decir que este texto modernizó el aparataje estatal, dado a que reformó y renovó algunas facultades y funciones de los poderes estatales[1]. Junto a ello le otorgó un carácter más social y democrático al Estado, dado a que permitió la ampliación del concepto de ciudadanía, representación y los derechos constitucionales[2]. Esta Constitución también introdujo nuevos conceptos como el de función social introducida al derecho de propiedad privada, libertad de culto, el de seguridad social, el de instrucción primaria obligatoria, la garantía de otorgar a los ciudadanos un mínimum de bienestar, lo que permitió un eventual Estado Social de Derecho[3]. A pesar de estos cambios mantuvo un carácter presidencialista, dado a las facultades especiales del Presidente, sin embargo, no tan extremas como las que permitía el anterior texto constitucional. De manera general estos son los principales rasgos de la Constitución de 1925, redactada durante el gobierno de Arturo Alessandri Palma, el “León de Tarapacá”.

                Al observar más de cerca aquella época, podremos comprender que este texto constitucional fue un medio de salvataje para la élite dirigente, la apertura social que generó fue solo para evitar una inminente explosión revolucionaria[4]. La historia política y social chilena de las dos primeras décadas del siglo XX, nos muestra un periodo de álgida organización y movilización de hombres y mujeres obreras y de la clase media. Las grandes luchas del movimiento obrero que tuvo protagonista a trabajadores y trabajadoras, aunque terminaron en matanzas no dieron pie atrás y asi también sus asociaciones que sembraban conciencia y esperanza. Estos elementos son los más importantes de este periodo, las experiencias organizativas y principalmente las que rodearon el proceso constituyente de 1925. Por ello destacaremos la Asamblea Constituyente de Obreros e Intelectuales, iniciativa que logro agrupar a la gran mayoría de las asociaciones obreras y de la clase media. Antes de ello señalaremos de manera general lo que ocurría específicamente en aquel año, para comprender la traición de Alessandri, dado a que incumplió la promesa de convocar una Asamblea Constituyente dando la espalda a las organizaciones populares. Este presidente vio su mandato interrumpido en 1924, por la intervención militar lo que le valió un “autoexilio”, los militares al no poder dar gobernabilidad piden su regreso, de esa forma el “León” regresó a Chile con la promesa de efectuar la ansiada Constitución a través de una asamblea.

                Hemos aprendido que las constituciones chilenas han sido un medio para imponer un orden el cual defiende los intereses de los sectores con mayor poder económico, los cuales se hacen con el derecho de redactar la Constitución y también fue el caso en 1925.  Todo esto porque Alessandri termino designando a los miembros de la comisión constituyente (que fueron trece), la gran mayoría de ellos eran parte de la oligarquía, es decir del sector más rico de Chile[5]. Entre medio de viejos políticos tradicionales una minoría fue la que representó a las organizaciones de trabajadores y partidos de izquierda (solo 5), quienes participaron en la iniciativa popular que antes señalamos y debían transmitir sus postulados, los cuales fueron desechos y no consideradas[6]. De esta manera excluyente y en un plebiscito con una participación del 42% de votantes[7]  se aprobó la Constitución de Alessandri, quien no cumplió la promesa de generar la solemne Asamblea Nacional Constituyente,  por encargo de la ciudadanía[8].

                La iniciativa popular, que nació como una idea de diversas orgánicas populares, creemos que es una experiencia a explorar, dado a que surgió como un medio de preparación y de deliberación para el supuesto proceso constituyente a efectuar. La Asamblea Constituyente de Obreros e Intelectuales fue compuesta por organizaciones obreras y federaciones de trabajadores de tendencias anarquista (IWW) y comunista (FOCH), también las asociaciones estudiantiles y de profesores, junto a ellos organizaciones feministas y de artistas, además políticos de centroizquierda que entre todos sumaron 1250 delegados de todo el país[9]. El objetivo de esta asamblea era presentar un proyecto de Constitución que contendría las aspiraciones de la clases obreras y media[10], por lo mismo terminó siendo un grupo de tendencias políticas heterogéneas. Además de esto buscó establecer principios constitucionales que sirvieran de base para la discusión que se haría en la gran Asamblea Constituyente. Entre las ideas que se debatieron y se establecieron como principios se encontraron: la socialización de la tierra y medios de producción, asegurar la distribución de los ingresos, un Estado federal y laico, el poder legislativo integrado por miembros de gremios de trabajadores (para evitar la política controlada por los grandes partidos de la élite), enseñanza gratuita desde la primaria a la universitaria (establecimientos dirigidos por estudiantes apoderados y profesores), igualdad de derechos políticos y civiles entre hombres y mujeres[11], entre otros. Al observar estos postulados que para muchxs pueden parecer inalcanzables, y como sabemos no tuvieron éxito dado a que se terminaron imponiendo los intereses de los sectores más ricos. A pesar de esto lo que más importante es la articulación de asociaciones y el espacio deliberativo, el cual sirvió para establecer intereses comunes, principios que se debían defender por todo el conjunto.

                En nuestra actualidad es necesario informarse y asociarse, antes que se dé el proceso constituyente, alrededor de organizaciones, desde nuestro punto de vista principalmente de base y así también gremiales. Junto a ello informarnos en materia constitucional y como se podría vincular los principios que particularmente nos preocupa sea género, pueblos originarios, seguridad social, recursos naturales etc. Esto se podría hacer de manera particular o grupal, es importante rescatar las experiencias de octubre y especialmente el interés que surgió en materia política, por ello es trascendental reactivar las organizaciones que nos vinculamos sean cabildos, colectivxs, organizaciones estudiantiles, juntas de vecinos, etc. Sabemos que al estar fuera de la institucionalidad no pueden ser vinculantes, no obstante, se podrían vincular a candidatxs que representen nuestros intereses, claramente de esto debemos marginar a los partidos tradicionales.    

Es necesario abrir espacios en donde se pueda ir debatiendo los principios para el futuro proceso constituyente, adelantar esa tarea, así como la asamblea generada por lxs trabajadores en 1925, para que, de esa forma, establecer bases y postulados de donde partir como un piso a discutir en la Convención Constitucional. No hay que dejar que los debates sean cooptados e impuestos por la institucionalidad y los partidos tradicionales (dado a que eso se intentará hacer), claramente es allí en donde pueden tener peso jurídico, sin embargo, aquello no los hace legítimos y verdaderamente representativos a menos que tenga el apoyo ciudadano. La gran tarea de hoy es asociarse y abrir espacios, así como se hizo en octubre, que la política y los debates de los grandes intereses de la ciudadanía dejen de estar aislados de los barrios, puestos de trabajos o salas de clases. Por todo ello si aún no nos encontramos asociados, encontremos nuestro lugar, nuestra trinchera con personas de nuestra misma clase, para que de allí podamos apoyarnos, unirnos y manifestar nuestros justos intereses que han sido postergados de siglos y de la misma forma defenderlos mediante de la movilización desde las calles.


[1]  Lira Elizabeth; Loveman, Brian. Poder judicial y conflictos políticos (Chile: 1925- 1958). LOM Ediciones. Santiago, 2014. Págs. 13- 16.

[2] Cristi Renato; Ruiz Tagle Pablo. La republica en Chile. LOM Ediciones, Santiago, 2006. Pág. 115.

[3] Ibíd.: Págs. 116-117.

[4] Gabriel Salazar. Movimientos sociales. Uqbar Editores, Santiago, 2013. Pág. 83

[5] Sergio Grez Toso. La ausencia de un poder constituyente democrático. Revista Izquierdas, Vol. 3. Santiago, 2009. Pág. 13.

[6] Ibíd.: 14.

[7] Sofía Correa. Historia del s. XX chileno. Editorial Sudamericana, Santiago, 2001. Pág. 101.

[8] Gabriel Salazar. Movimientos Sociales… Óp. Cit. Pág. 84.

[9] Sergio Grez Toso. La Asamblea Constituyente de Asalariados e Intelectuales, Chile 1925: entre el olvido y la mitificación. Revista Izquierdas, 29, Santiago, 2016. Págs. 12- 23.

[10] Sergio Grez Toso. La ausencia …. Óp. Cit. Págs. 10- 11.

[11] Ibíd.: Pág. 12.

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