22 de enero de 2021

Aportes para un análisis colectivo de la coyuntura electoral

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por Lorenzo González Cabrera

PRELIMINAR

La generación, sostenimiento y búsqueda de consolidación de alternativas que viabilicen el anhelo de realizar cambios estructurales reales en la sociedad, cambios que las grandes mayorías sociales de nuestro país han demandado, demandan y posiblemente seguirá demandando hasta que ello sea una realidad nos ha llevado a muchos militantes que históricamente nos hemos comprometido con las luchas populares a un trabajo que sólo terminará cuando ese cambio se logre.

Fuimos parte de las luchas desde antes que el compañero Salvador Allende fuera electo presidente de la República, lo fuimos durante el Gobierno Popular, durante la resistencia y durante la mal llamada transición. Lo hemos hecho en los movimientos de resistencia a todas las formas y modo como la sociedad se organiza, produce y se reproduce hasta el día de hoy y siendo, la más de las veces, parte de los movimientos sociales que llevaron a desnudar masivamente, como ocurrió en las multitudinarias manifestaciones de descontento que se desarrollaron a partir de octubre de 2019, la cruda realidad nacional.

Lo hemos hecho y seguiremos incansablemente, como hasta ahora que nos situamos, con orgullo, pero no sin ciertas preocupaciones en Convergencia Social. No creemos ser depositarios de la verdad, por el contrario, somos de aquellos que, donde vemos certidumbres arraigadas en el comportamiento, desplegamos nuestros mantos de duda y nos obligamos a reflexionar ya que es, como ha sido ampliamente comprobado en la física cuántica, la incertidumbre es una de las cuestiones con las que hay que lidiar de manera permanente.

Somos un partido nuevo que proviene de experiencias también nuevas y que tienen una composición que se enriquece por su diversidad en los más impensados niveles, etaria, de género, social, cultural y territorial, cuestión que muestra lo que para algunos es la expresión de los trabajadores manuales e intelectuales y que permite proyectar una mirada transformadora dinámica, en movimiento y enriquecimiento permanente conforme a los dictados de la realidad que se muestra en un constante cambio.

ALGUNAS CONSIDERACIONES DE PRINCIPIO

Como Convergencia Social nos hemos asignado lo que parece ser una mirada refrescante en el amplio espectro de organizaciones sociales y políticas que se expresan en nuestro país.

Nos hemos declarado como socialistas libertarios, feministas, ecosocialistas y autonomistas. Hemos accedido a esa conjunción no sin dificultades, pero expresa una mirada nunca antes entregada a la sociedad chilena. Trasciende las autodefiniciones de mesianismos revolucionarista que buscaron o llegaron a convertirse en aparatos burocráticos que perseguían conducir desde arriba al movimiento popular, o de las concepciones burocratistas que amparados en una interpretación cargadas de reduccionismos del principio del Centralismo Democrático, utilizaban a la organización popular para apuntar al robustecimiento de sus partidos, así las organizaciones populares eran, en su gran mayoría la expresión de las instancias de frente de masa de estas organizaciones, cegando todo asomo de autonomía de las organizaciones sociales populares de base y de sus estructuras superiores.

Esta situación presento importantes modificaciones con la emergencia de una incipiente, pero profunda mirada, que apuntaba a la generación de poder popular, donde la esencia de su desarrollo estaba en el despliegue de una cierta horizontalidad que emergía desde las bases y los territorios y que admitía y potenciaba su acción coordinada. Así los Cordones Industriales, Comandos Comunales y Provinciales que vislumbraban una ruta de Poder Popular que aparece en la búsqueda de la ruptura de los hegemonismos imperantes.

Este proceso si bien tuvo un violento retroceso luego del golpe militar, permaneció vivo en la memoria colectiva y se expresó en múltiples organizaciones populares de base, en algunas organizaciones de profesionales y de artistas como en expresiones de partidos políticos que desarrollaron el proceso de resistencia popular.

Aun así, dada las características de la opción por la “recuperación de la democracia” tiende a desnaturalizar la alternativa que buscaba derrotar a la dictadura, imponiéndose una salida cupular, privilegiándose las formas clásicas de despliegue organizacional, infiltrándose en organizaciones de trabajadores y sociales, permitiendo la presencia de aquellas que potenciaban su función utilitaria y desmantelando aquellas con perfiles autonomistas, libertarias que eran las que lograban desarrollar y fortalecer la resistencia y movilización popular y desmovilizando de esa manera al pueblo.

Desde el mimo momento que se produce el cambio de la banda presidencial quedó demostrado que lo que se quería no era dar lugar a un Chile diferente que buscaban las grandes movilizaciones populares sino materializar una gran traición que se impuso con el Acuerdo Nacional instaurado bajo las orientaciones del consenso de Washington y bajo el imperio de la doctrina de seguridad nacional en la noción de las guerras de baja intensidad. Ello no fue óbice para que la mirada autonomista, socialista libertaria y un emergente movimiento de rescate de la diversidad y feminista fueran encontrando nichos en los que se van gradualmente desarrollando hasta los niveles que hoy podemos mirar.

SOBRE EL DESARROLLO POLITICO SOCIAL

Hemos sostenido de manera persistente que la acción política debe orientarse al cambio del modo como la sociedad se organiza, produce y se reproduce, esto es sobre todos aquellos aspectos que hacen la vida cotidiana de ese pueblo y del movimiento social del que formamos parte. Para ello se deben desarrollar las diferentes formas de accionar que las organizaciones sociales, populares y políticas seamos capaces de lograr. Así fue como se intentó con la generación de opciones electorales alternativas en planos diversos, en organizaciones territoriales, estudiantiles, culturales y políticas que se expresaron en colectivos de diversa naturaleza.

Así el mochilazo, los pingüinos y el conjunto de expresiones movilizadoras que se manifestaron a lo largo de todo el país, Punta de Choros, Aysén sin Represas, Freirina, la persistente lucha de las organizaciones ecologistas, de derechos humanos que incluyen a los familiares de los detenidos desaparecidos, ejecutados como con el recate de la memoria o del gran movimiento estudiantil realizado tras la reivindicación de educación estatal gratuita y de calidad hasta, el, paro feminista o el impulso que implicó la movilización de los secundario en contra del alza de 30 pesos en el metro en la región metropolitana bajo la consigna “Evadir, no Pagar Otra Forma de Luchar”.

De allí a las grandes y crecientes formas de expresión nacional que tuvieron las movilizaciones sociales de octubre que logra mostrar, en muchos lugares la gran capacidad de movilización y lucha de nuestro pueblo. Donde se concibe que no son 30 pesos sino 30 años y se impone el desafío de una nueva constitución.

Una de las características más importantes de las movilizaciones de entonces es que se impuso, por la vía de los hechos, la ausencia en ellas de las expresiones concretas de los partidos políticos, como consecuencia del descrédito de las elites políticas. Fue opción de la mayoría de los partidos que, habiendo participado de los diferentes gobiernos, no aparecerse en las movilizaciones e intentar su expresión a través de organizaciones sociales en los territorios.

Sin embargo, no hubo una hoja de ruta clara en el proceso movilizador y la actual administración, desde La Moneda y en la desesperada, frente a las crecientes demandas rupturistas que el movimiento social desarrollaba, propone una agenda que incluía tres “Acuerdos”; Contra la Violencia, Acuerdo por la Justicia y Acuerdo por una Nueva Constitución. Esta agenda pretendía por la vía legislativa salir al paso de las demandas que el movimiento comunitario venía imponiendo, evadiendo de esa manera las principales reivindicaciones como Asamblea Constituyente, No más AFP y fin a la militarización de Walmapu. 

La oposición consintió aprobando una serie de iniciativas legislativas respecto de los dos primeros aspectos y luego, cupularmente se concurre, por parte de algunos parlamentarios a concordar la realización del Acuerdo Constitucional que ya conocemos, es decir, el gobierno, enfrentando las mayores movilizaciones sociales conocidas, con la imagen del presidente de la república absolutamente derrotada, logra desarrollar su política para el período imponiendo proyectos de Ley como las leyes anticapucha y antibarricada o la que permite sacar a la calle a los militares para defender la infraestructura estratégica y los intereses de los grandes empresarios dueños de Chile.

De allí a la fecha lo que se ha producido es una suerte de nuevo aggiornamento frente a la salida y al proceso constitucional en curso, siendo la única ¿excepción? La aprobación de la reforma constitucional que permite legislar sobre el retiro del 10% de las AFP, medida que hará más pobres las pensiones de los chilenos y que fue un gran insumo para la reactivación de algunas áreas de la economía como el comercio, cosa que el Ministro de Hacienda Jamás habría logrado.

LO QUE HOY ESTA PASANDO

Para comprender lo que está pasando en la arena política hoy, hay que referir que lo electoral es uno de los componentes de la política y no el esencial, ni por asomo. Pues bien, ajeno a las consideraciones de principio que tenemos, la política se ha ido instalando preeminentemente en el espacio electoral y radicada esencialmente en equipos negociadores que la más de las veces corren el riesgo de alejarse de las exigencias de la realidad y del correlato entre los principios y las decisiones.

Sin darnos cuenta no hemos visto atrapados en la forma antigua de enfrentar estos procedimientos y obligados a “negociar” en representación de la “ciudadanía”. Por fortuna como convergencia hemos colocado algunas cuestiones previas y tiene que ver con lo que más de una vez hemos denominado “el perfil del candidato” (hemos dicho, manos limpias, rostros nuevos y disposición para el cambio, ente muchas otras cosas) y hemos logrado que, a regañadientes, muchas veces, nuestros socios asuman esa mirada. Ámbito y que antes de poder definir candidates, se conozcan los programas y equipos de trabajo que orientarán el qué hacer en el espacio administrativo en disputa De igual manera hemos sido insistentes en que los territorios tengan la capacidad de resolver sus diferencias y propuestas en este contexto mínimo.

Esto pareciera estar en discordancia con lo que en el locus comunis aparece como una cuestión obligada, el logro de la más amplia unidad de las fuerzas opositoras.Lo que ha ocurrido en las últimas horas demuestra que todavía hay amplios sectores de los partidos políticos que se encuentras atados a las prácticas de las viejas formas de hacer política, dispuestos a defender a todo coste lugares de privilegio que se han instalado con vicios de corrupción, tráfico de influencia y convertir espacios de servicio público en agencias de empleo para pagar favores políticos.

Ello es lo que ha propiciado lo que mediáticamente aparece como la incapacidad de la “oposición” (no sabemos a qué se refiere el concepto oposición, si al modelo, si al sistema, si a la administración ya que cada uno de estos ofrece diferentes lugares de salida) para acceder a los niveles de acuerdo que la ciudadanía espera, Con ello se incrementa la sensación que los “políticos” en general, no son la alternativa para sacar al país de la situación en la que se encuentran.

Y claramente la razón pareciera estar de lado de quienes así opinan. La ex concertación más el PRO han demostrado ser parte de una misma armada, dispuesto a sostener a como dé lugar, “sus granjerías y privilegios” y una malsana manera de hacer política.

No obstante, nosotros no hemos tenido la capacidad de profundizar, de manera oportuna en nuestras discusiones, instancias y torneos democráticos, las definiciones que deberían constituirnos, lo que da lugar a interpretaciones que la más de las veces posibilita la generación de confusiones.

Ello es producto, tal vez, de la manera que nos constituimos y del predominio de una práctica dotada de una suerte de pragmatismo que tiende a reducir la valoración de la riqueza de las discusiones, despojarlas de contenidos políticos, inhibir su profundización y que contengan miradas integradoras, tanto de saberes como de experiencias que se han cimentado más en las experiencias de lucha que en los espacios restringidos de análisis que la academia permite.

Estimo que hay espacios para mejora que debemos, ampliar las miradas y ser capaces de, a la vez, interpretar las aspiraciones de las grandes mayorías sociales y las exigencias que la historia nos imponen de manera concordante con lo que anima nuestra visión transformadora de la sociedad.

el contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor

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