23 de noviembre de 2020

Éxito o fracaso del proceso Constituyente chileno: El ejemplo de Perú (1978) y Bolivia (2006)

Comparte!
  •  
  • 5
  • 43
  •  
  •  
  •  
    48
    Compartidos

por
– Daniel Soto Tancara. Historiador, Magíster en Historia (USACH), y miembro del Colectivo “Arica Constituyente”
– Nolberto Zúñiga Contreras, Investigador, Magíster en Genética (UChile), Dr. (c) en Neurociencia (USACH) y director de la Asociación Nacional de Investigadores en Postgrado (ANIP).


El momento Constituyente que permitirá construir una carta magna en un proceso democrático y participativo por primera vez en la historia del país (en caso de ganar la opción “Apruebo” y “Convención Constitucional”), se enmarca en un contexto sociopolítico y económico complejo, que sin lugar a dudas tendrá influencia en los destinos de la ciudadanía y del nuevo ciclo político que se inicia.

Por esto, debemos analizar las características y alcances del mismo para evaluar sus posibilidades de éxito o fracaso, y en este sentido, la historia comparada latinoamericana nos puede entregar valiosas herramientas. A nivel macro regional, uno de los casos históricamente más relevantes de experiencias constituyentes fracasadas, es el proceso peruano de finales de la década del setenta. En dicho caso, la Asamblea Constituyente de 1978 se originó luego de la caída del “gobierno revolucionario de las fuerzas armadas”, como salida a la crisis social y política generada por la herencia aristocrática-republicana y el autoritarismo militar. Con amplia participación de fuerzas políticas de izquierda, centroizquierda y movimientos sociales y populares, fue concretada bajo el liderazgo de Víctor Raúl Haya de la Torre (ideólogo del APRA), promulgándose en el año 1980, bajo el gobierno de Fernando Belaunde Terry. Sin embargo, esta nueva Constitución se enfrentó a una serie de problemas que fueron determinantes dentro del nuevo ciclo republicano que se abría en el Perú. A la crisis económica del gran capital industrial internacional (que tuvo un alto impacto en la industria nacional), se sumó la exclusión de un número importante de la población rural e indígena, donde el poder lo ejercían todavía las viejas clases dominantes gamonales y aristocráticas. Esto provocó una crisis social, económica y política, acompañados de altos índices de pobreza y el ambiente propicio para el surgimiento de organizaciones armadas, como Sendero Luminoso, que declararon abiertamente su intención de disputar el poder al nuevo Estado. Bajo este catastrófico escenario, tal constitución sólo duró hasta 1992, año en que la dictadura de Alberto Fujimori creó una nueva carta magna -desplegando, como lo hiciera Pinochet en Chile, principios e instrumentos jurídicos de orientación neoliberal para dirigir el país-.

En contraposición, el éxito del proceso constituyente boliviano del año 2006 se gestó en un momento de plena efervescencia social y política, luego del derrocamiento de Gonzalo Sánchez de Lozada, y tras la bancarrota de la vieja élite dominante blanco-mestiza (representada en los viejos partidos del MNR, el MIR, y el FNR), lo que permitió establecer una nueva hegemonía política plasmada bajo la dirección del gobierno del MAS. A esto se le sumó la aparición de diversos gobiernos de izquierda y centroizquierda en América Latina posibilitando la construcción de lazos y puentes estratégicos de apoyo mutuo y contención frente a cualquier desajuste político -o intentos de golpes de Estado en el cono sur-. En el ámbito económico, coincidió con un ciclo internacional de precios altos de los commodities en América Latina, manteniendo las economías nacionales con cierta liquidez y dinamismo. Esta nueva coyuntura histórica por la cual atravesó  Bolivia, sumada a la voluntad política gubernamental de Evo Morales, hicieron posible y efectiva la participación de los sectores populares dentro del proceso constituyente boliviano, permitiendo que el país pudiese procesar políticamente las tensiones generadas dentro del propio territorio nacional -al alero de las demandas autonómicas departamentales- mediante la misma constituyente, dándose reconocimiento a la plurinacionalidad, y dejándose el control de diversos recursos naturales al Estado y sus entidades autonómicas.

Ante el éxito y fracaso de experiencias constituyentes en América del sur ¿Cuál es el escenario que enfrenta Chile actualmente? En primer lugar, el proceso ha sido forjado bajo la dirección de un gobierno de derecha con nula voluntad de hacer masivo y participativo el plebiscito de entrada. En segundo lugar, todos los partidos y proyectos políticos, transversalmente, han sido cuestionados y criticados por la ciudadanía, incluyendo a la izquierda política. En tercer lugar, las demandas de los territorios y pueblos/naciones por reconocimiento y autonomía, junto a la necesidad de consagrar derechos fundamentales, expresan hoy su mayor tensión en los últimos treinta años. Por último, el contexto internacional, cruzado por la pandemia COVID-19, pero también, diezmado por la crisis económica mundial (al alero del conflicto chino-estadounidense), nos muestran un escenario convulsionado e incluso sombrío. En este sentido, las condiciones están dadas para la generación de una incertidumbre política y económica, y que pese al optimismo por el predecible triunfo de la opción transformadora en el plebiscito de este domingo (“Apruebo” y “Convención Constitucional”), no es seguro que no puedan levantarse en estos momentos proyectos populistas, autoritarios, e incluso, derechamente fascistas. A este respecto, necesitamos urgentemente un proyecto de izquierda que logre hablarle a los pueblos de Chile -qué duda cabe-, pero, sobre todo, necesitamos que el proceso constituyente sea efectivamente participativo y representativo del sentir popular y de las clases y sectores más excluidos del país. Necesitamos que dirigencias sindicales y gremiales, vecinales, territoriales, el mundo científico/académico y de las artes y humanidades -entre otros-, sean constituyentes en la futura asamblea, y que los pueblos, ciudadanía y territorios, defiendan dicha participación. Esto podrá ser, en el porvenir más próximo, la garantía de legitimidad y éxito del proceso constituyente chileno (como en Bolivia) o de su rotundo fracaso (como en Perú).

Total Page Visits: 163 - Today Page Visits: 1