26 de noviembre de 2020

“Oiga, yo quiero participar po”

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Por Ramón Miguelez

“La peor forma de injusticia es la justicia simulada”

            Estamos en la etapa pos plebiscito. Han pasado 14 días y el ánimo vivido ese 25 de octubre al parecer comienza a decaer. De a poco asistimos a la crónica de una muerte anunciada que varios señalaron pero fueron tratados de “rechacistas”, porque si “no sumas, restas”, decían para aquellos que, por ejemplo, se abstuvieron de ir a votar por lo mismo de siempre y la legitimación del modelo neoliberal.

            No obstante, el pueblo pobre celebró; fue a las plazas y se abrazó con quien pudo dando rienda suelta emociones reprimidas desde quizá cuando y acrecentadas después del 18O y por supuesto por la pandemia. Creyó en un proceso político donde se le decía reiteradamente que debía ir a votar porque así no ganaba la otra opción y de esta forma se iría creando una sociedad más justa, con real participación y por fin se terminaría con la constitución del tirano creada en plena dictadura (como si esta no la fuera).

            Y así lo hizo. O por lo menos el 50% del padrón electoral. Se levantó temprano y lleno de esperanzas marcó “apruebo” y “convención constituyente” pensando siempre en un mejor futuro para todos. Pero van pasando los días y cuando ese pueblo pobre fue donde el sr. político que le instó a votar para exigir su derecho a participación y ser un ciudadano de bien como le dicen, se encontró con que no es tan fácil pues viejito. Le dijeron que sí. Si puede participar. Pero es complicado. Primero que todo debe juntar cierta cantidad de firmas, luego debe validarlas pagando por ellas ante notario y finalmente puede intentar participar. Siempre y cuando voten por él, claro está.

            Pero el pueblo pobre no comprende muy bien. “Oye, pero si estuve en las marchas, me mojó el guanaco, lloré por las lacrimógenas, me pegaron los carabineros, aprendí las canciones, fui a votar, y creí en ustedes po” reclama.

            “Ahh, pero no leyeron la letra chica po. Eso ya no es culpa nuestra. Así que ahora tome sus cosas y mejor váyase pa su población, porque de aquí en adelante las cosas las hacemos nosotros, los que sabemos de esto pues viejito” responde el sr político.

            Parece un mal chiste. Una tragicomedia que a pasar de múltiples advertencias, fue el mismo pueblo pobre quien dijo varias veces: “oye cabros, no rompan las cosas po….no pongan en riesgo el plebiscito” aunque se le explicó el fraude al cual asistía y que tarde o temprano llegaría en forma de “emozidoengañaos”.

            Pero no todo es tan malo. Las grandes revoluciones vienen después de varios procesos políticos institucionales fallidos donde se ha subestimado la capacidad de un pueblo organizado y con convicciones claras. Quizá no está a la vuelta de la esquina, pero en algún momento debe encenderse la mecha. Tal vez comenzó en octubre del año pasado y la burguesía le echo un poco de agua para tratar de apaciguarla y mantener sus privilegios a través de su plebiscito, que a todo esto los gremios han sabido aprovechar muy bien dejando una vez más de lado al pueblo pobre. Es cosa de ver nada más a la CUT o al Colegio de Profesorxs, quienes amparados en el viejo discurso de “hay que respetar las instituciones, así que mandemos cartas para sentar mesas de diálogos” han abandonado a quienes crean la orgánica de los colectivos: el pueblo pobre.             Pero en algún momento la burbuja explota, y será deber nuestro estar a la altura de la historia y la política para proponer, trabajar, discutir y avanzar definitivamente a una sociedad más justa, pero todos y todas, para todos y todas de verdad, no solamente con abogados, médicos y famosillos de tv.

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