25 de noviembre de 2020

¿Por qué no debemos volver a clases presenciales?

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por Sara Contreras Alarcón
Profesora de Lengua y Literatura enseñanza media
Magíster en Gestión e Innovación de Instituciones educativas


Muchas personas se preguntan sobre el retorno a clases, y la intención detrás de la insistencia del ministro de educación Raúl Figueroa. Todos/as sabemos que niños, niñas y adolescentes deben permanecer protegidos en sus hogares, hasta que no haya total tranquilidad ante un posible contagio, pero pocas veces sabemos explicar el porqué de esta situación y por eso quise referirme a ello.

Voy a partir con la premisa de la protección y el hogar, ya que en algún momento (exactamente el 22 de julio), se usó de argumento “Un niño con riesgo de ser abusado en su hogar, tiene que poder ir a la escuela”. Lamentablemente no podemos tapar el sol con un dedo. Los casos de abusos ocurren incluso en las escuelas. Y esta es una institución seria, no una guardería, y ya es tiempo de que se deje ver como tal.

Es lamentable la situación familiar de muchos niños, pero eso no es culpa de la escuela, sino del estado. La escuela por el contrario, hace todo lo que puede por sanar y ayudar. Es refugio a necesidades educativas, emocionales, sociales y hasta alimentarias. Los niños no pueden volver a clases presenciales porque no están las condiciones sanitarias. Años llevamos los profesores indicando el agobio laboral que se sufre, al estar hacinados dentro de una sala, con un número de 45 estudiantes (me han tocado hasta 47). Es imposible un sistema de turnos por aula con esa cantidad de estudiantes y profesores. Considerando además que si la vuelta es voluntaria, deberán seguir existiendo las clases online. Entonces cómo multiplicamos a los profesores a quienes no se les multiplica el sueldo.

Se dijo en algún momento que los docentes no querían volver porque eran flojos. Pero no es correcto. Un docente puede evadir trabajo administrativo. Estando en clases presenciales, quizá no planificó en todo el año, pero hizo todas las clases igual, en la mente. Muchos lo hacen así. Otros en papel y cumplen responsablemente y otros ambas. Pero ahora, todos los profesores están trabajando en papel con un nivel de exigencia altísimo. Realizando clases remotas pero diarias a un nivel práctico, en muchos casos, impresionante. Y además, ahora deben crear material adicional a todo lo de clase, para aquellos alumnos que no se conectan. A la larga es más trabajo escrito. Y así como muchos niños tienen brecha económica, muchos docentes lucharon contra la brecha digital, se metieron a un mundo desconocido y hoy son hasta “Tik Tokeros”.

Basta con tener solo dos niños de pre básica en una sala para saber qué pasará con ellos. Correrán a juntarse, no se han visto en meses, todo lo que quieren es jugar.

Actualmente no están las condiciones de higiene, no está el espacio para el distanciamiento social, no están los medios para el transporte de estudiantes, no está la capacidad de personal para clases presenciales y online, pero sobretodo, no está la vacuna para el COVID. Y no vamos a experimentar con nuestros niños.

Claro que hay colegios que sí están preparados. Podríamos mirar hacia ellos ahora, para comparar todas las ventajas que tienen por sobre el resto, por el hecho de ser (en su mayoría) pagados. Así podremos disminuir las brechas económicas y la inversión de recursos dispar entre unos establecimientos y otros.

Nuestros niños y niñas llevan meses aprendiendo a trabajar de forma online y digital. Hacerlos volver a clases, cuando queda poco más de dos meses, es volver a dañar su estabilidad emocional, ya que están creciendo aislados en medio de una pandemia mundial, y muchos de ellos han perdido a más de un ser querido.

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